Textos / Texts

Synopsis English

The year is 1982. Overwhelmed by social turmoil and a devastating economic crisis, the Argentine Military Dictatorship launched a military operation to occupy the Falkland Islands (Islas Malvinas), swiftly defeating the small military British garrison stationed in the archipielago, located 500km away from the continent.

The goal was to distract the public from internal tensions and regain their trust. The Government left no stone unturned using propaganda to convince argentines of the righteousness of their mission.

Consisting Almost entirely of excerpts from the TV program 60 Minutos, 1982 summarizes the media campaign that took place over the 74 days of the Malvinas/Falklands War, when the Argentine troops attempted to take the island back from the british, who had occupied them in 1833.

We Follow TV anchormen asking viewers to donate funds for weapons and ammunition and inspiring them to sing the national anthem at home; we witness how journalists welcome Government leaders as heroes, as they “spontaneously”show up at the studio to celebrate the importance of the fatherland´s mission.

Appealing strictly to archival footage – the actual research subject here-, 1982 reflects the power of media and exemplifies hoy propaganda can channel and determine people’s thoughts and political opinions. Through clever screen-in-screen editing style, so popular during the time of the war, the film transports us back to the average Argentinian living room, it invites us to step into contemporary spectator´s shoes.

It invites us to recognize the massive operation present nothing but “good news” on TV, yet we can´t help to be charmed by it´s simultaneous naivitée and perversity. Even if, decades later, the house of cards has crumbled, 1982 understands our need to be lied to into the name of hope.

Sinopsis Español

Corre el año 1982. Abrumada por los conflictos sociales y una profunda crisis económica, la Junta Militar argentina lanza una operación militar para ocupar las Islas Malvinas y derrota a la pequeña guarnición británica, ubicada a 500 km del continente.

El objetivo era distraer a la población de las tensiones internas y recuperar su confianza. El gobierno militar intentó por todos los caminos -y apeló a estrategias de propaganda- para convencer a los argentinos de la validez de su causa.

Mediante el uso exclusivo de fragmentos televisivos del programa de TV 60 Minutos, 1982 resume la campaña mediática que se llevó a cabo durante los 74 días de la guerra, cuando las tropas argentinas intentaron recuperar las islas ocupadas por los británicos desde 1833.

En estas transmisiones, presenciamos como conductores de noticieros solicitan a los espectadores que donen fondos par adquirir armamento y municiones, invitándolos a cantar el Himno Nacional en sus hogares; somos testigos de instancias en las que periodistas dan la bienvenida a líderes militares y los honran com a héroes cuando éstos se presentan “espontáneamente” en el estudio de televisión.

En todo momento, se celebra la importancia de la misión a la que se enfrenta la patria. El material de archivo que compone la película es aquí el verdadero objeto de estudio. 1982 refleja, por sobre todas las cosas, el poder de los medios de comunicación, ejemplifica cómo la propaganda puede canalizar y determinar las opiniones políticas y elecciones del pueblo.

El uso de un montaje basado en pantallas dentro de pantallas, reminiscente a los recursos de edición típicos de la época, nos transporta al pasado, al living de la casa de una familia argentina tipo. La película nos invita a ponernos en su lugar, a mirar al mundo desde sus ojos.

No podemos evitar reconocer la colosal operación llevada a cabo, al presentar solamente “buenas noticias” en diarios y televisión. Pero a la vez resulta difícil no ser seducido tanto por la ingenuidad como por la perversión que este dispositivo representa. Aunque décadas después ese castillo de naipes se ha derrumbado, 1982 comprende nuestra necesidad de que se nos mienta en nombre de la esperanza.

Sinopsis Corta

Through the use of archival footage and screen-in-screen editing so in vogue in the early 80s, 1982 scrutinizes the Argentine media coverage of the Falklands War, exemplifying how propaganda can be used by governments to manipulate a country’s opinions and lead it to believe its troops are winning a battle that was lost from the very beginning.

En 1982 la Dictadura militar argentina decide invadir las Islas Malvinas. Usando únicamente material de archivo televisivo generado por los medios de comunicación oficiales de la época, la película intenta reflexionar sobre la necesidad que tiene el poder para crear conflictos épicos y cómo logra de esta manera manipular a la sociedad. A más de treinta años del conflicto y sabiendo el resultado final, es interesante ver cómo se manipula desde la generación de imágenes la realidad. La película solo muestra un lado de la historia, el lado generado por el aparato mediático oficial. Un lado donde se fue ganador hasta el último momento, y allí radica la intención provocadora constitucional del film.

Artistic Statement by the Director (Spanish)

“El détournement es la manifestación más elemental de la creatividad. (…) La creatividad no tiene límite, el detournement no tiene fin ¨. Raoul Vaneigem

1982 está concebida, desde su origen, como una heredera del concepto que Vaneigem anuncia. Surgido dentro del movimiento situacionista a comienzos de los años sesenta,el dètournement se presenta como la posibilidad artística y política de tomar algún objeto creado por el sistema político hegemónico y distorsionar su significado y uso original para producir un efecto crítico. Partiendo de esa noción, la película no intenta captar al conflicto bélico y a sus consecuencias reales, sino que pone en el foco en el aparato mediático que se utilizó para modelar la opinión pública. No hay intención alguna de objetividad, sino de provocar, de revelar la intencionalidad detrás de los dispositivos que se utilizaron para manipular y seducir al público argentino en el contexto de una guerra que tenía claros fines utilitarios.

En ese sentido, 1982 está profundamente ligada a otro concepto, el de Pos- verdad: ya no se trata de escenificar hechos objetivos, sino de desvelar la distorsión deliberada de la realidad, donde se quita influencia a la realidad fáctica y se acentúan las apelaciones emotivas. La película no busca intervenir ni deconstruir esos complejos dispositivos de manipulación, sino simplemente ponerlos en evidencia, verlos en pleno funcionamiento.

Como director, me interesa que el espectador tenga toda la evidencia para hacer su propio análisis, que piense la película a medida que la mira, que pueda decodificar las diferencias entre relato histórico y relato construido por los medios de comunicación de la época, que a su vez estaban sujetos a las presiones de la dictadura militar.

Otro referente fundamental de la película es la novela 1984, de George Orwell. En esa obra emblemática, la sociedad era consciente de que estaba siendo manipulada por los poderes de turno, que así es como era sometida. Creo que en la Argentina de 1982 pasó algo parecido. La sociedad había alcanzado tal nivel de crisis y demencia colectiva que necesitaba una mentira colosal que le diera una dirección y esperanzas infundadas. Así fue como se vivió en el país el conflicto de soberanía por la Islas Malvinas.

Trabajé en base a una restricción muy concreta: únicamente utilizar material televisivo de la época, sin intervenir en demasía. El objetivo fue lograr una inmersión total en la época, aún si lo observamos todo desde una perspectiva actual. También busqué demostrar que la guerra no fue una idea unilateral de la Junta Militar que gobernaba al país, sino que toda una sociedad apoyó la iniciativa. Una vez perdida la guerra, y apagado ese fervor patriótico y emocional, desapareció todo tipo de análisis. También desapareció toda lealtad. El aparato mediático seductor se había quebrado en pedazos, igual que el gobierno de Galtieri.

El proyecto de la película no es analizar por qué se perdió la guerra, ni cuestionar los diferentes enfoques socio-políticos sobre qué implica la soberanía. La verdadera pregunta es otra. ¿Cuál hubiese sido la verdadera ventaja de ganar la guerra? O, más importante aún, ¿Qué buscaban lograr al empezar?.

(English)

“The détournement is the most primal manifestation of creativity (…) Justlike creativity has no limits, the détournement has no end¨ – Raoul Vaneigem

From its very origin, 1982 was conceived as an extension of Vaneigem’s concept. Born out of the situationist movement at the beginning of the Sixties, the détournement presents itself as an artistic and political tool to appropriate an object created by the hegemonic political system in order to distort its meaning and original use. The goal is to produce a new, critical effect. Taking this notion as a basis, the film does not intend to portray the Falklands War and its real consequences, but rather to shed light on the way the media at the time was used to shape public opinion. The intention is not to be objective, but rather to provoke the viewer, to reveal how intentional the devices used at the time were, how blatantly audiences were manipulated and seduced in the context of a war that had clear utilitarian ends.

In that sense, 1982 is profoundly linked to another key concept, that of Post-Truth: the goal is not to go beyond objectivity, to reveal the intentional distortion of reality, in a case where the original material steers away from facts and focuses on accentuating the emotional appeal to the audience. The film does not intervene or deconstruct the complex manipulative devices at play. Instead, it emphasizes them, making them evident, so we can witness them acting in their full intensity.

As a director, I am interested in giving the audience everything they need to come up with their own analysis. I want them to reflect on the film as they are watching it, so that they can notice the differences between factual historical events and the manufactured version of the story that the media have created. It is worth mentioning that news coverage and newspapers in Argentina at the time were controlled by the military Junta, and the content they broadcast was highly regulated by the dictators.

Another fundamental influence while making the film was George Orwell’s 1984. In the world of that literary masterpiece, citizens are aware they are being manipulated by the reigning powers and they are self-conscious of their lack of individual freedoms. I believe that Argentina, back in 1982, was equally conscious of its social context. Society had reached such nerve-wrecking states of crisis and collective madness that it needed a colossal lie in order to feel some sense of direction, a glimmer of hope. That is why the country responded so fervently to the attempt to reclaim sovereignty over the Malvinas (or Falklands).

I imposed on myself a very concrete restriction: I would only use TV footage from the period, with little or no intervention. My intention was to fully immerse the viewer in those times, even if we can’t help but experience the film from our current perspective. I also tried to prove that the war was not merely caused by the Military Junta ruling the country, but it was an endeavor pushed forward by the entire country, which gave the tyrants its support. Once the battle was lost, once that patriotic frenzy subsided and emotions shifted from joy to anger, any kind of rational analysis vanished. Loyalty also proved to be fragile. The seductive machinery built by the press crumbled, and soon so would Galtieri’s government.

The film makes no attempt to understand why the war was lost. It does not question the concept of sovereignty, or the varied socio-political approaches of what it means to own a piece of land. The real question the film asks is very different: What would have been the benefit of winning the war against the United Kingdom? Or, even more relevant: What were the dictators attempting to do by declaring war in the first place?

BAFICI Catalogue. Magdalena Arau.

Si la televisión argentina es el medio que mejor ha retratado la mueca fatal de la historia reciente, pareciera que no lo es tanto por su cinismo o sus pretensiones críticas como por su capacidad amplificadora. Todo lo que vemos en esta película sucedió, con esos bríos y esa desmesura. Esto no es ficción, aunque ahora veamos el latido del monstruo en plano detalle. Discursos familiares (escalofriantemente actuales) debajo del spray y las hombreras, en los que hasta el humor logra ser parte de esta tragedia y dar lugar a una angustia que difícilmente encuentre fondo. Nos enfrentamos, antes que a un espejo deformante, a un retrato apenas, sutilmente, envejecido, mediante una operación ascética y lúcida de absoluta precisión sobre el material de archivo. Magdalena Arau

If Argentine television is the medium that has best portrayed the fatal grimace of recent history, it seems it’s not so much due to its cynicism or its artistic pretensions but, rather, for its capability to amplify. Everything we see in this film really happened, with that same exuberance and excess; this is no fiction, even if we now see the monster’s beat in extreme close up. Family speeches (of chilling currentness) under the hairspray and the shoulder pads, in which even humor gets to be part of this tragedy and pave the way for a seemingly bottomless anguish. Rather than a deforming mirror, we face a portrait that is barely, subtly, aged, by means of a frugal, lucid operation of absolute precision regarding archive footage.